Las razones que motivan a una persona a emprender son diversas y variadas; por querer hacer y por no poder hacer; para vivir uno u otro tipo de vida; porque piensas empezar o porque quieres recomenzar; es decir, son tan variadas como los gustos por la música o por los colores. Y además: totalmente independientes de la edad.

Pero si profundizamos en el análisis, nos encontramos dos tipos de razones. El primero, son las razones internas, tales como: la vocación, el deseo de ser independiente, el afán de superación, o el deseo de ganar más dinero. Y el segundo grupo, son las razones externas, que son, por ejemplo, la situación económica general, la tradición familiar, la formación paralela recibida durante la etapa de estudiante, o los estudios cursados.

Sin extenderme mucho, detallemos un poco los motivos:

1.- Ser tu propio jefe.

Este motivo puede ser por necesidad: no encuentras una empresa donde desarrollar tu producto.

O puede ser porque confías en tu capacidad de trabajo y no quieres que te coarten tu capacidad emprendedora.

2.- Afán de superación. Salta a la vista que este es un motivo personal. Quieres subir peldaños a tu ritmo, no al que te digan otros.

3.- Necesidad. En la situación de incertidumbre actual, puede verse como una salida a la falta de ofertas de empleo actuales y a la incertidumbre del mercado laboral.

y 4.- Por tradición  familiar. Un motivo muy frecuente es por el entorno familiar en que se ha crecido. Si en la familia se han tenido emprendedores, y siempre se ha visto como “una cosa normal”, fácilmente te puedes ver empujado a emprender tu propia empresa.

Por hoy lo dejamos aquí, pero continuará.

Ignacio Flores

Químico y emprendedor.